"El Terrible Jefe"

Cuando conocí al “Guatón Parrila” ( Su apodo, para no revelar completamente su identidad), me dijeron que era un tipo seco, gordo, de voz fuerte y que era sumamente grosero. Pero el tipo es el “Gerente” de la empresa, en la zona sur. Llegó a la obra en un tremendo todo terreno, se bajó de su auto, caminó hacia mi oficina y entró diciendo:
- Así que… ¿Tú eres nuestra contratación estrella?
- (Sonreí)
- Mira, lo que me interesa, es que ordenes la caga’ita que dejó ésta otra vieja cochina. ¿Sabías que entraba a los perros a ésta oficina?. Ésta huevá estaba pa’ la corneta de hedionda… imagínate la impresión como profesional, para la gente del SERVIU.
- No tenía idea.
- Ya te enterarás de muchas cosas, pero tú acá vienes a trabajar y no a armar cahuín… así que te encargo la obra, mira que este otro huevón (Mi Jefe, “El flaco Metalero”) no sé en qué mundo anda, me tiene metido en puros cachos.
- (Asentí con la cabeza, sin saber que decir)
- Bueno, me retiro.
(Se acerca a despedirse y me da dos palmadas en el hombro) Pondré mis fichas en ti cabrita, así que ojo.
- No se preocupe Don “XXXX”.




La segunda vez que lo ví, fue al mes siguiente de haber empezado a trabajar. Recuerdo que eran las 17:55 (Horario de salida a las 18:00) y llega a la obra el “Guatón Parrilento”. Nadie se movía de sus puestos, ni los administrativos que a veces arrancan hasta media hora antes de la pega. Vi que se reunió con mi Jefe y otro colega y se fueron a terreno. Yo miraba mi reloj, para ver a qué hora me podía arrancar… y nada. Ya eran las 18:20 y me dije a mi misma, “es hora de irse”. Salgo de la oficina y justo vienen los 3 personaje antes nombrados. Me llama “El flaco Metalero” diciendo:
- ¿Don “XXXX” recuerda a Sara?.
- (Mientras revisaba su teléfono “Tashhhh” de última moda, - no levantaba la cabeza). Ahhhhh, sí. (En tono indiferente)
Mientras ellos hablan de algunas cosas, yo parada frente a ellos esperando “irme”, escucho:
- Pasa a la oficina, tengo que hablar contigo.
¿Guatón Parrila quería hablar conmigo? Conchalevale. ¿Me habré mandado alguna cagá?. Fue lo primero que pensé.
- ¿Cómo te haz sentido?
- Bien.
- ¿Algún problema con la Obra?
- No, ninguno.
- ¿Cómo te han tratado éstos huevones?
- (Ganas de reír no me faltaron jaja) Bien, todo bien.
- Qué bueno, puedes retirarte entonces.
Éste particular Gerente, cuando llega de visita, todos tiritan. Al principio me costaba tratarlo. Me dijeron que era machista, por lo mismo, a las mujeres no las pesca mucho. Con el tiempo, el mismo notó, que hacía bien mi pega, que era ordenada y me lo hizo saber, a su forma, obvio:
- Hola linda, ¿Cómo estamos? (Con su tono de voz fuerte)
- Bien Don “XXXX”. Dándole a la pega.
- Pucha, que eres optimista, siempre que te pregunto algo, me dices bien, todo bien.
- Jajajaja. Dejemos para unos minutos más los cachitos.
- ¿Cambiaste el orden de los muebles de tu oficina?
- Ahhh sí, tengo vista a la obra y puedo ver si viene en camino el Inspector.
- ¿Qué tal ése huevón?
- Es complicado, hace su pega no más, pero ya se ha amoldado a mi ritmo y ha visto que lo que me pide, se lo tengo en el momento de sus visitas.
- Me parece, porque puta que son jodidos. ¿Y tú jefe?, voy a llamar a éste pelmazo, para saber donde chucha está.
Llamando “Al flaco Metalero”…
- ¡Puta huevón, ves que vengo a la obra no estás!... ¿Dónde chucha andas?, Tenís voz de sueño… ¿No me digai que estabas durmiendo?, ¿Andai calzoneado con tu mina? No huevees po’h, te pago para que estés acá, no hueviando fuera.
Me mira y dice:
- Este huevón no sé en qué planeta anda. Vamos a terreno mientras llega y conversamos de los puntos pendientes.
- Ya.
Mientras recorremos la Obra, aparece “El Flaco Metalero” y “Guatón Parrila” empieza con la prietas.
- Oye huevón, ¿Qué estás esperando para hacer esta huevá? Te dije la otra vez po’h. ¿Y qué pasa con las casas? Estoy viendo la misma huevá hace rato, no avanzan nada.
¿Haz entrado a la oficina de la Sara? Ordenada, limpia, perfumada… no como tu conteiner que está fétido. Sarita, tápese los oídos… disculpe que sea tan grosero, pero es que éste huevón me colma. Estoy aburrido de decir y enseñarle, le entra por una oreja y le sale por la otra. (Yo no sabía que decir). Hija, usté es más viva que éste huevón, ayúdeme a sacar ésta obra, llámame y dime lo que está pasando, envíame correos, pero porfavor ayúdame.


De ésa vez, que “Guatón Parrillento” me considera. Me di cuenta que no recibiré chuchadas de su parte por mi trabajo, ya que lo hago bien. Que cuando uno le pone garra (Sobre todo entre mandriles) las cosas se pueden hacer, es un trabajo en equipo. Si un eslabón falla de la cadena, estamos todos literalmente cagados. Si una orden no es bien explicada entre profesionales, al maestro le llega tergiversada. Ante cualquier cosa, petición de documentos formales, informes de materiales etc… debo respaldarme con un email. Que a pesar del trato (Hay maestros groseros y gente que no tiene la empatía para decir las cosas), no estoy compitiendo con los hombres, sólo estoy haciendo mi trabajo y ganando un pequeño espacio, que parecía tener olvidado, al menos por mí.

Consecuencia de todo los antes mencionado, ya estoy lista con nueva obra, en otra ciudad. Trabajo seguro, por 9 meses más.




¿Y usted? ¿Tiene su... “Terribl’e Jefe”?

Se dice que...

Los 4 amores prohibidos de una mujer, son:


El hombre que tiene novia, el que le gusta a tu amiga, el que sabes que te va a hacer mal y...











tu mejor amigo...