¡Mire hacia arriba!


-"No mire hacia abajo"-, recuerdo que me dijo Don Erwin.
Era el año 2008. Subíamos por unos andamios que bordeaban aquel edificio en construcción, en el cual trabajé. Íbamos hacia el piso nº8. El trazador y yo, inspeccionábamos los trabajos de un contratista.
A pesar de la advetencia, miré hacia abajo instintivamente, y me comenzaron a temblar las piernas al ver allá abajo la calle, a unos 50 metros de distancia. -"¡Mire hacia arriba!, siempre hacia arriba, así no se aturdirá-, volvió a decirme.
Han pasado casi 4 años desde que me dió ése consejo, y lo he recordado y utilizado en innumerables ocasiones. He comprobado que en las situaciones angustiosas, resulta siempre mejor mirar hacia arriba, que hacia abajo, y adelante más bien que atrás. Por ésta razón no estoy de acuerdo con las personas que se lamentan recordando los "buenos tiempos pasados", que en realidad no fueron tan hermosos como nos parecen ahora, vistos a través de la dulce bruma del tiempo. El mundo de hoy, es mucho mejor que el de ayer; y el de mañana podemos hacerlo mejor aún.
El otro día hablaba con la Señora Victoria (Viaje de Puerto Montt-Llanquihue) y me contaba que para ella, su larga vida (79 años) no tiene una fórmula precisa. Sin embargo me dijo que anotara: El don divino de la salud, el interesarse por las cosas, el trabajar, luchar, amarse y buscar conocimientos. Ésos eran los condimentos de su receta y son parte de su collar, que próximamente sumaría una perla nueva. (Cumpleaños nº 80)
Asi es que, mi apetito de vida y búsqueda de nuevos horizontes hacen que mis días sean siempre buenos.
Lo "No tan bueno" como decía un amigo, son detalles que dejo a un lado y saco en limpio lo positivo.

Y bueno, no olvide, que ante cualquier cosa...

¡Mire hacia arriba, siempre hacia arriba!


Persona sola... busca dónde vivir


Hace unos 2 meses atrás, me comunicaron en el trabajo, que sería trasladada a otra comuna. Se venía un proyecto nuevo y como se acaba la obra que tenía a cargo, era una de las profesionales que estaba “Disponible” para formar parte de la nueva construcción.

Pero… ¿Dónde viviría?.

Fresia (Mi nueva ciudad), queda a 71 kilómetros de Puerto Montt (Ciudad que aún habito). Empecé a madurar el tema, probé viajando todos los días. En tres semanas, las conclusiones fueron inmediatas. Necesitaba cambiarme con urgencia, porque el levantarme a las 5 a.m, viajar durante 1 hora y media… en un minibús incómodo y no poder organizarme con las comidas, me empezaron a pasar la cuenta. (Sé que hay gente que madruga y se esfuerza al máximo, estudiando y trabajando, pero no soy de hierro… así que no aguanté ése modus operandi)

Viendo el panorama anterior, empecé a buscar arriendos de cabaña, ojalá amoblada.

Fresia es una ciudad pequeñísima, la bordean unos campos verdes preciosos, pero es un lugar que no está preparado para la llegada de gente “fuerina”, entonces la cabaña se transformaba en tomar una pensión o arrendar una casa vacía y amoblarla. Por precio ($ 180.000 de lunes a viernes, sin internet, ni cable ((¿Ve que la gente de campo no es lesa?))), privacidad y comodidad, la pensión no me convencía. Además que habían niños y todos sabemos que los pendex, son súper intrusos, metiches… entonces me complicaba que se metieran en mis cosas. (Consulté para dejar mi pieza con candado, pero ni pensarlo, el ambiente “familiar” no lo permite). Por otro lado, estoy acostumbrada a vivir sola (Salvo unos 4 meses, que viví acompañada) a atenderme, tener mis tiempos, dormir a destajo, salir, viajar, comer… cuando se me dé la real gana. Así que empecé a moverme y preguntar negocio por negocio, pero nadie sabía nada y los datos que me sugerían, no me gustaban. Mis exigencias no eran muchas, bien básicas, pero ni eso encontraba. De alguna manera me desesperé porque seguían pasando los días, andaba con sueño, un tanto mal genio (xD) y mi búsqueda no daba resultados. Hasta que hubo un día, que llegué donde una señora muy amable, me dio el dato de una casa, pero tal cual mi pronóstico… no tiene nada de nada.

Mi trabajo no es estable, siempre estaré moviéndome y el invertir en cosas, no estaba en mis planes. Por un momento me atonté entre lo que diría mi Má y mis hermanos. Pero como no son ellos los que vivirán en ésa pequeña ciudad, pensé en darme el gusto y empezar a comprar mis cosas (¿Porqué no?), al fin y al cabo nadie sabe lo que sucederá mañana. Puedo tener un accidente y… ¿No me di ningún gusto?.

Eso sí que mi “má”, puso el grito en el cielo con el tema del gasto, que ésa plata podría ahorrarla y bla bla bla… pero puedo hacerlo y creo haber dado vuelta la tortilla e hice que entendiera mi punto, así que me apañó en la decisión y de hecho ya está comprando chiches para ayudarme a adornar la casa nueva jejeje. (Dije “LA” casa… porque no es mía)

Asi que, si el pulento quiere, pronto tendré mi lugar, mis muebles y mi anhelada cama bacanosa, ¡sólo para mí ¡ ¡Yajuuuuuuuuuu!

¡Caso Cerrado!